domingo, 3 de mayo de 2009
Teatro enérgico de vida
El tiempo se detuvo incontenible ante tan adverso silencio. Cayó la noche y el cielo se nubló, otra vez. Cruzo las piernas y cuento hasta tres. La luz cobró de nuevo su vida. Y hundiose el manto de la muerte sobre su aquietada boca. Y germinaba aquella pupila ennegrecida sobre la blanquizca masa puritana de sus ojos. Y corría a su lado mientras desvanecía su viejo aliento sobre su espalda, para más tarde, alijarlo en la primera y ultima escena de su vida, de su teatro enérgico de vida.
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