
Ley seca. Ósculos húmedos y lenguas saltarinas, dicientes, traviesas, viajeras, oniricas, irreales. Una noche hablantinosa, pasional, sensorial. Excretaba mi esencia a través de la palabra, abría las puertas del jardín antiquísimo de la franqueza.
Tiempo mas tarde, lloré, frente a Él y por Él. Sus sentidos parecían desorbitados por el agobio. Me limpiaba las lágrimas acariciando los trazos que estas pintaban en mis mejillas mientras caían atrozmente. Me peinaba el cabello, me rozaba el mentón y repetía una y otra vez no San no San. Yo sollozaba con brío.
Por último dejé que mi cabeza reposara agotada sobre sus piernas, y allí, boca abajo y taciturna, me quedé. Recuerdo que hablaba algo acerca de un jazmin y el viento, pero en ese momento ya había perdido la nocíón del entendimiento. Me arrullaba sobre una agradable cadencia de frases, pero yo yacía exhausta.
"Todo amor imposible se merece un último aliento... "

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