domingo, 3 de mayo de 2009

Don Gildardo


No he conocido en mi vida antes, a una persona mas trabajadora que usted, Don Gildardo. Dejeme decirle, que se ve usted como alguien totalmente inmamable.

Hoy, Don Gildardo, me sente frente a usted, y vi sus ojos intactos, su piel estrecha de tanto martillar, y su honda fragilidad hecha fuego por la dureza de su invenciblisimo caracter de aguerrido marcial.

Le digo, Don Gildardo que lo admiro, que esta tarde mientras caminaba por las lineas de Twain tambien lo miraba, como extasiada, como asombrada.

-De donde le sale tanta fuerza Don Gildardo? Cual es su secreto? Que tipo de pocima, unguento, o brebaje se hecha en los huesos para hacerlos tan vivos e inquietos al tiempo que corre?

Bebedizos de centenares de siglos intentaron salvar aquellas armitrañas de viejos, de viejos amedrentados por las costillas acongojadas de tanto suplicar, de tanta droga y tanto geriatra, de tanto sueño de eterna juventud y de castisimos misticisimos y panaceas, de tantos famosos elixires con fuentes de aguas babilonicas, de tantos tantos y tan pocos pocos. Pero usted, usted Don Gildardo, usted no sabe de eso, usted no comprende, usted no procesa los dolores humanos como metodo de escape a la cama, usted, dejeme decirle, no parece sufrir de sueño o de insomnio, ni parece quejarse, ni afligirse, ni por lo menos parece que pudiera considerar una de mil vidas para sentarse a tomar limonada mientras deja que
el campo le brinque en los ojos, o mientras permite que la gata le lama las uñas, o que la mujer le tire la pita, no, usted, Don Gildardo, usted no entiende.

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